AQUEL RUDO PASTOR
Todo comenzó una fría mañana de invierno en las cumbres de El Torcal de Antequera.
Aquel pastor se erigía vigilante en su atalaya sin perder de vista
al rebaño que apacentaba. Al poco tiempo departíamos acerca de aquel mundo
rural, un modo de vida que desde siempre me hubo cautivado.
Tan
sincero testimonio dibujaba a la perfección el retrato, el testimonio puro de
una forma de vida enraizada en la tierra, de amor por los animales y por el
trabajo bien hecho. Tal vez sean los hombres y mujeres del campo quienes
salvaguarden hoy una más intensa comunión con los ciclos de la vida y la
esencia pura de la sierra.
En la montaña de las torcas, como aludiese a ella el padre Cabrera,
aún pervive el oficio ancestral donde animales, hombres y paisaje firmaron una
antiquísima alianza. Aquí se mantiene viva una milenaria relación natural sin
cambios significativos desde siglos.
Esta historia y muchas más, en el libro TORCAL, HABITANTES DEL TIEMPO

